En noviembre de 2014, animada por la buena acogida que tuvo en el momento de su estreno, la Fundación César Manrique decidió volver a poner sobre el escenario el espectáculo «César Manrique: Rojo, negro, blanco».

Organizamos un ciclo de diez representaciones concertadas con colegios e institutos, y dos funciones abiertas al público. Esta vez todo fue más fácil: menos nervios; más control sobre todo el material visual que utilizo; mayor compenetración si cabe, con el músico Ayoze Rodríguez (con quien  siempre es fácil y divertido trabajar); tanta o más complicidad con los servicios técnicos de la FCM (que una vez más cuidaron todos los detalles con impecable profesionalidad).

Las funciones abiertas al público fueron especialmente emocionantes. A pesar de estar concebido para niños y jóvenes, el espectáculo conecta de un modo especial con los adultos. Y vinieron muchos a verlo, y muchos de ellos se acercaron a decirnos que se habían emocionado, que les había llegado al corazón… Así que no puedo decir otra cosa: disfruté mucho. Saboreé las dos intensas semanas de representaciones.

Me siento afortunada por haber tenido la oportunidad de contar la historia de César Manrique; por haber aunado sobre el escenario mi amor por las artes visuales y mi trabajo como narradora; por poder transmitir algunas de sus ideas sobre el arte y la vida, que comparto plenamente: «Crear con absoluta libertad, sin miedos y sin recetas, conforta el alma y abre un camino a la alegría de vivir.» *
*Cita extraída de «Fauna Atlántica» (1985), en César Manrique, Escrito en el fuego [Edición de Lázaro Santana*, Las Palmas de Gran Canaria, Edirca, 1998, pp.138